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REFLEXIONES

Reflexión de la Jornada Mundial de la Juventud

Por: Bernardino Fuentes Velasco

¿Qué aprendí en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)?    Lo más importante es que en Cristo todo es posible y en Él todas las cosas se hacen más sencillas.

Con eso y hoy a varios días después del término de la JMJ, medito y pienso    ¿Qué aprendí y qué fue lo que me dejaron de experiencia estas dos semanas para mi vida espiritual y comunitaria?

Puedo llegar a pensar que Cristo nos llama a ser Cristos jóvenes en nuestros colegios, barrios y comunidades. No podemos ir por el mundo anunciando a un Cristo Resucitado sin demostrar esa alegría, esta alegría que el mismo Resucitado nos da.    Esta alegría que nos la entrega en su Cuerpo y en su Sangre.   Como menciono, el Papa Francisco en su homilía en el templo de Aparecida, dijo: "Nuestro corazón se inflamará de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor”; y también como mencionó Benedicto XVI: “El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro".

Por eso tenemos que ser esa luz, esa esperanza, ese amor, y ayudar a seguir ese futuro que Cristo tiene preparado para cada joven.     A estas palabras llegaría mi aprendizaje, con ayuda del pensamiento de nuestro fundador,  Beato Basilio Moreau, y con la reflexión del Santo Padre, Francisco, tenemos que ser una Iglesia Madre que abrace, una Iglesia que bese a sus hijos, una Iglesia que no tenga miedo de asumir los errores y sus consecuencias, una Iglesia que no se olvide que está al servicio de los pobres, y lo más importante, una Iglesia que de sólo verla los demás, puedan decir ¡Miren cómo se aman!

Por eso y en pocas palabras, de qué manera afectó en mi vida espiritual, fue un reconfirmar y afirmar mi compromiso con  los jóvenes, con esto recuerdo una frase que se mencionaba bastante en las semanas de formación: “Ustedes son los jóvenes del futuro” sí, pero los jóvenes contestaban. ¿Y qué pasa con los jóvenes del presente?, eso me marcó muy dentro de mí y me obliga a interpelarme: ¿Estamos escuchando a los jóvenes?, ¿Estamos haciendo lo que a ellos les interesa en la iglesia? ¿O sólo estamos haciendo cosas simples y sin importancia para que ellos se sientan integrados?   Por eso, esta experiencia de la JMJ 2013 en Río de Janeiro, me da más y más fuerzas para seguir apoyando a los jóvenes de mi apostolado y de nuestros colegios, por eso pido ayuda a ese Cristo Redentor que nos cubría con sus brazos abiertos que nos guíe en este camino de amor y entrega al servicio de Cristo y los necesitados.  

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