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REFLEXIONES

Jornada Mundial de Jóvenes Río de Janeiro 2013

Postulante: Gabriel Adrián Fuentes Velasco

En Río de Janeiro, el Papa Francisco  en su  vigilia con los jóvenes nos decía: “Hemos recordado hace poco la historia de San Francisco de Asís.    Ante el crucifijo oye la voz de Jesús, que le dice: 'Ve, Francisco, y repara mi casa'.   Y el joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor: reparar su casa, pero ¿qué casa?

En Río de Janeiro, el Papa Francisco  en su  vigilia con los jóvenes nos decía: “Hemos recordado hace poco la historia de San Francisco de Asís.    Ante el crucifijo oye la voz de Jesús, que le dice: 'Ve, Francisco, y repara mi casa'.   Y el joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor: reparar su casa, pero ¿qué casa?

Poco a poco se da cuenta de que no se trataba de hacer de albañil y reparar un edificio de piedra, sino de dar su contribución a la vida de la Iglesia; se trataba de ponerse al servicio de la Iglesia, amándola y trabajando para que en ella se reflejara cada vez más el rostro de Cristo”.
       
Participando en la JMJ podemos ver de una forma muy concreta, la entrega y el compromiso de cientos de jóvenes, gritando en una sola voz: “¡Juntos en Cristo!”    Era impresionante el poder ver y escuchar cómo personas de diversas lenguas, naciones y rincones del mundo gozaban y estallaban de emoción dándose el gusto de poder aclamar y glorificar a Dios, lleno de vida, lleno de amor, que una vez más y como muchas otras, daba nuevamente sentido a nuestra fe por medio de nuestro tan querido Pontífice, Francisco, hombre sencillo, recto y de buen corazón, que cautiva sin duda a toda persona que busca a Dios de Corazón.

¿Qué he aprendido?   Sin duda que las fronteras no son limitaciones para poder comprender el lenguaje del corazón, lenguaje que cualquier persona puede comprender, lenguaje que sólo Dios puede donarnos y hacer que sea comprendido por los otros.    

Siento una gran emoción al recordar los momentos en que cada uno cantaba y sentía la música de alabanzas a Dios; cómo la misma canción era coreada en sus distintos idiomas; un mundo, un continente, un país y un mismo Dios de amor que quiere una Iglesia viva y transparente, una Iglesia madre, que acoja y abrace a su hijo como quien toma un tesoro que quieren arrebatarle.
         
El poder conocer a jóvenes con un ardor tan fuerte por Dios, sin duda, afirma mi vida y mi vocación.     El poder ver cómo, personas sin prejuicios y cuestionamientos, saltan, cantan y alaban a Dios.     Es algo que me deja renovado y  completamente cuestionado.  
¡ANDA PÁRATE Y SIGUE A DIOS, NO TEMAS, TOMA TU MANTO Y SÍGUEME!, atrévete te dice Dios, de forma simple y con una humildad que conmueve tu corazón (déjate tocar).  


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