English
- Français - Português 

Constitución 1

El Llamado de Dios

  1. “Ven y sígueme”.  Fue le Señor Jesús que nos llamaba.
  2. Éramos ya suyos, puesto que llevábamos el nombre de cristianos.  Ya habíamos sido iniciados en su Iglesia.  Habíamos sido lavados en le bautismo y confirmados en la fe; habíamos sido alimentados con la Eucaristía.  Sin embargo, llegó un momento en el cual el Señor nos llamó a dar un paso más.
  3. Escuchamos una invitación a entregar nuestras vidas de una manera más explícita.  Era una invitación a servir a todas las gentes, creyentes y no creyentes por igual. Habíamos de servirlas a partir de nuestra propia fe en que el Señor nos había amado, había muerto por nosotros y había resucitado también por nosotros, ofreciéndonos una participación en su vida, una vida más fuerte y perdurable que cualquier pecado o muerte.
  4. Fue un llamado que nos llegó desde afuera; más también fu un llamado que surgió dentro de nosotros, proveniente de su Espíritu.
  5. Preguntamos cómo podríamos seguirlo y encontramos muchas huellas en nuestro camino.  Una gran compañía de hombres había pasado por ahí y vivido por sus votos, hombres que habían caminado juntos en pos del Señor. Ellos no invitaban a seguir sus pasos. Quisimos formar parte de esta familia para compartir su vida y su trabajo.
  6. Somos la Congregación de Santa Cruz, fundada por Basilio Antonio    Moreau.  Somos una comunidad de derecho pontifico: vivimos y trabajamos bajo la aprobación y la autoridad del sucesor de Pedro. Somos una congregación religiosa compuesta de dos sociedades distintas, de religiosos, una de sacerdotes y una de hermanos, unidas en una fraternidad indivisible.  Tenemos un fundador común, una tradición, regla y gobierno comunes, un modo de vida y misión comunes.
  7. Nuestro compromiso invita a nuestros hermanos y hermanas en la fe a responder a su vocación y es para nosotros una manera concreta de trabajar con ellos por la difusión del evangelio y con todas las personas por el desarrollo de una sociedad más justa y humana.
  8. Quisimos dejarlo todo por seguir a Cristo.  Con el tiempo nos dimos cuenta de que aún había resistencia en nosotros.  Queremos entregarnos sin reservas y, sin embargo, vacilamos.  Con todo, como sabían los primeros discípulos, sabemos que El nos conducirá y que fortalecerá nuestra lealtad, si nos abandonamos a Él.