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Constitución 4

La Fraternidad

33

“Nuestro llamado es para servir al Señor Jesús en la misión, no como individuos independientes, sino como fraternidad. Nuestra vida comunitaria aviva la fe que hace de nuestro trabajo un ministerio y no meramente un empleo; nos fortifica por el ejemplo y aliento de nuestros hermanos, y nos protege de agobiarnos o desalentarnos ante la obra a realizar.
34 estrechamos nuestros lazos de fraternidad viviendo juntos en comunidad. Si no amamos a nuestros hermanos a quienes vemos, no podemos amara a Dios a quien no vemos.  Nuestra vida en comunidad da una expresión directa y tangible de lo que profesamos por nuestros votos: la comunidad local es para nosotros el lugar donde compartimos la fraternidad, los bienes y los esfuerzos mancomunados del celibato, la pobreza y la obediencia.
35 Habitualmente deseamos vivir en el seno de una comunidad local, ordinariamente constituida como casa religiosa. Donde las formalidades de una casa con esas características no sean aplicables, la comunidad constituye entonces una residencia.
36 Si por necesidades de la misión, de estudios o de salud, la Congregación dispone asignar a un miembro a vivir fuera de una casa religiosa, tanto el individuo como la comunidad deben hacer esfuerzos para asegurar el acceso del religioso a la compañía fraterna de la comunidad, haciéndole miembro no residente de una comunidad local cercana, o miembro activo de una agrupación regional  si por cualquiera otra razón, el provincial, con el consentimiento de su consejo, y habiendo notificado al superior general, permite a un miembro residir fuera de una casa local o residencia, esta autorización no puede extenderse más allá de un año.
37 La comunidad debe ocuparse deliberada y delicadamente de sus miembros enfermos, o atribulados, o que se ausentan con frecuencia. Debemos tener comunidades para recibir y proveer a los miembros que se jubilan o experimentan quebrantos de salud. Nos reunimos como comunidad para ungir a un hermano amenazado por una enfermedad o lesión grave, o impedido por la edad avanzada; imploramos en la oración la recuperación de su salud corporal y la generosa perseverancia de su espíritu. Y cuando nos toque morir, necesitamos saber que aún ene se trance la comunidad nos sostiene, puesto que somos recordados aún más intensamente en sus oraciones.
38 Toda comunidad local tiene un superior que la preside y gobierna, y un consejo que le asesora en sus deliberaciones y decisiones.  Sin embargo, el bienestar compartido de una casa se beneficia por la deliberación colectiva de todos sus miembros.  Por esta razón, el superior debe convocar periódicamente a la comunidad para considerar, a la luz del evangelio de Cristo, su vida común y su misión. Este capítulo local servirá para la comunidad. Sus deliberaciones incluirán las preocupaciones pragmáticas de la vida diaria, pero deben ser también un medio para que hombres de fe indaguen juntos la vida espiritual, no sea que hablemos menos de lo que nos importa más.
39 Somos hombres de trabajo. Necesitamos también revitalizarnos después del trabajo. Cada comunidad local debe proporcionar alguna medida de privacidad doméstica, donde podamos sentirnos en casa entre nosotros, y encontrar un espacio de silencio propicio para la oración, la recreación, el estudio y el descanso.
40 Quienes nos estiman y se afanan por el reino esperarán de nosotros un modo de vida modesto y sencillo. De ahí que nuestras comunidades locales deben ser generosas en continuar nuestra tradición de hospitalidad para con los hermanos de la Congregación, los que trabajan con nosotros, nuestros parientes y vecinos, y los pobres que no tienen quien les reciba.  Nuestra generosidad será medida por la sinceridad, sencillez y delicadeza de nuestra cogida.  Pero compartiremos lo mejor de nosotros viviendo unidos como hermanos.
41 Como hombres que comparten sus vidas en comunidad, llegamos a conocernos unos a otros en forma muy cercana.  A veces nuestras faltas y defectos harán de nosotros una prueba para los demás.  El resentimiento, las incomprensiones y las diferencias de opinión pueden perturbar, y ocasionalmente de hecho perturban, la paz de nuestra comunidad. Por esto, la corrección fraterna y el pedir disculpas son parte de nuestra vida, como lo es la reconciliación franca y a la vez discreta. Así, nuestros mimos fracasos pueden ser transformados por la gracia de Dios en una camaradería más estrecha.
42 Es esencial a nuestra misión el que permanezcamos tan avisadamente unidos, que la gente diga:”Ved cómo se aman”.  Así seremos un signo en un mundo enajenado: hombres que por amor a su Señor han llegado a ser los prójimos más cercanos, amigos de fiar, hermanos.