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Constitución 6

Formación y Transformación

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Los discípulos seguían a l Señor Jesús en su ministerio de proclamar el reino y sanar a los afligidos.  Jesús también pasaba largos períodos a solas con sus discípulos hablándoles de los ministerios del reino y formándolos para que también pudieran ser enviados a su misión.  Más tarde volverían, para oír sus comentarios y para escucharlo más profundamente en razón de lo que habían experimentado.  Más tarde aún fueron visitados por el fuego del Espíritu, que transformó su comprensión de cuanto Él les había enseñado. Nosotros también somos envidos a su misión como personas formadas, que sin embargo están de por vida necesitando nueva formación para su servicio.
57 Pronunciamos nuestros votos en un instante, pero vivirlos por causa del reino es obre de toda una vida.  Ese cumplimiento requiere de nosotros más que un mero deseo; más todavía que una firme decisión. Requiere la conversión de nuestros hábitos, nuestro carácter, nuestras actitudes, nuestros deseos.
58 Así sucede con nuestro compromiso como cristianos. Nuestra consagración por el bautismo es la partida en un camino que exige de nosotros, como de todo su pueblo, ser reformados por la gracia creadora del Señor, una y otra vez. Así sucede también con nuestras vidas en una comunidad religiosa: debemos formar en nosotros, según Dios lo conceda, la semejanza viva de Jesucristo.
59 El camino comienza antes de nuestra profesión y termina sólo con nuestra resurrección. Quisiéramos ser creados de nuevo, hasta el punto de poder decir: “Ya no soy el que vive, sino Cristo que vive en mí”. Es el Señor quien nos concede el querer y el obrar. De nuestra parte, debemos someternos a la sabiduría y la disciplina que no purificará de nuestro egoísmo, y nos hará darnos de todo corazón al servicio de su pueblo.
60 Nuestra experiencia en Santa Cruz es exigente.  Es también gozosa. Y, por lo tanto, debería brindarnos una vida a la que gozosamente podaríamos invitar a otros. El llamado del Señor será escuchado en la constancia de nuestro testimonio evangélico, en la compañía que no ofrecemos mutuamente, en la alegría con que servimos sin medir el costo y en la sincera bienvenida que en forma abierta damos a los que se nos unan. Si somos felices en nuestra vocación, la compartiremos con los demás.
61 Los candidatos que llegan a la Congregación merecen de nuestra parte el cultivo de su madurez, fe, generosidad, conocimiento y capacidad para vivir en comunidad.  Junto con ellos, evaluamos su carácter y su crecimiento como cristianos, y discernimos y les ayudamos a discernir si están dispuesto y capacitados para dar el paso de unirse a nuestra Congregación. La duración de su programa de formación es determinada por el provincial, y es él quien acepta candidatos al noviciado.
62 El noviciado es el comienzo de la vida en la Congregación.  A los novicios se les ayuda a formarse a sí mismos en la meditación y la oración, en los servicios mutuos de la vida común, en el servicio apostólico y en el conocimiento de la historia y la espiritualidad, carácter y misión de Santa Cruz. En suma, se les desafía y ayuda a abrir sus corazones al evangelio, a vivir bajo el mismo techo con otros y a crear una fraternidad de discípulos.  El noviciado es su aprendizaje en el celibato, la pobreza y la obediencia. El director o maestro de novicios, designado por el provincial y bajo su autoridad, tiene la entera responsabilidad personal de la formación de los novicios.
63 El provincial verifica las cualidades que los candidatos deben poseer para ser válidamente admitidos, y los admite con el consentimiento de su consejo. El mismo provincial determina la fecha y la manera en que ha de comenzar el período de noviciado.

64 El noviciado tiene lugar en una casa designada por el superior general con el consentimiento de sus asistentes. La duración del noviciado, y de no más de dos años, incluyendo breves periodos de ministerio activo. Las ausencias se rigen por el derecho canónico. El noviciado concluye con la primera profesión de votos temporales, a la cual el novicio es admitido por el provincial.  Sus votos son recibidos por el provincial o su delegado, y así sucede con las posteriores profesiones, a menos que los reciba el superior general.

65 Antes de su profesión, el novicio dispone libremente de la administración de sus bienes en manso de quien lo desee, y dispone de su uso y beneficio por toda la duración de sus votos.  Este acto debe hacerlo por escrito, en forma válida ante la ley civil, y con la estipulación de ser revocable.
66 Ningún candidato admitido al noviciado como miembro de una de las dos sociedades de santa Cruz puede cambiarse a la otra sociedad sin el acuerdo de (los) superior(es) involucrado(s), quien(es) debe(n) contar con el consentimiento de su consejo, y con el permiso del superior general concedido con el consentimiento de sus asistentes.
67 A la primera profesión de votos sigue ordinariamente un programa de formación que envuelve a los nuevos miembros en más estudios y aprendizaje orientados a la forma de servicio apostólico que eventualmente adoptarán y a las necesidades de nuestra misión. A todos los miembros se les proporciona formación teológica y pastoral para el ministerio laical u ordenado. Se les anima a reflexionar sobre su experiencia pastoral, comunitaria y de vida a la luz del evangelio y de la investigación teológica sistemática. Se les conduce también a una profundización de su vida espiritual y de oración, especialmente a través de una regular dirección espiritual. En este período, la madurez, buen juicio y generosidad requeridos para la misión son cultivados y evaluados. Así, cada vez que el provincial admite a un miembro a renovar su profesión, se reafirma nuestro aprecio de su crecimiento hacia un carácter sólidamente humano, explícitamente cristiano, y mejor dispuesto para toda una vida en Santa Cruz.
68 El período de formación inicial en votos temporales posterior al noviciado dura al menos tres años y ordinariamente no comprende más de seis años. Puede ser extendido en casos particulares por el provincial por otros tres años. Concluye con la profesión perpetua de votos, ala cual el miembro es admitido por el superior general. Esta profesión es precedida por un tiempo de preparación inmediata determinada por el provincial.
69 Antes de la profesión perpetua el religioso hará un testamente válido ante la ley civil por el cual dispone de todos sus bienes presentes y futuros. Cualquier cambio de este testamento o de su previa cesión de administración y disposición de los frutos de sus bienes requiere el premiso del provincial. El permiso del superior local o director es suficiente para cambiar el testamento cuando la urgencia de la situación no permita recurrir al provincial, para actos ordinarios exigidos por la ley civil, y para la disposición de los bienes propios. Si un religioso deja la comunidad, la cesión de administración queda nula por ese sólo hecho, y se le devolverá su testamento.
70 Quienes llegan a nosotros procedentes de otros institutos religiosos, si son profesos perpetuos, siguen un programa de al menos tres años, determinado por el provincial en conformidad al derecho canónico.
71 A todos se les debe proveer la oportunidad de la mejor formación pastoral y teológica, y de educación superior que se apropiada, y que, como comunidad comprometida a la pobreza, seamos capaces de dar. Todos en la Congregación deberían, en pro de su ministerio y de sí mismos, cultivar una mente crítica y bien formada, ampliada por su propia experiencia y reflexión; por lo tanto, a ninguna edad podemos dejar de lado una mayor educación sistemática o experiencial, una educación continua.
72 A los miembros en formación inicial deberíamos darles acceso a las ventajas específicas de pertenecer a la Congregación de Santa Cruz.  Somos una comunidad de clérigos y laicos regidos por votos. La iniciación de los miembros de cada sociedad será más completa si tienen alguna experiencia de la otra sociedad. Estas ventajas serán aún más accesibles si existen programas de formación en los cuales cooperan las sociedades y provincias, y  donde fuera posible, nuestras hermanas en Santa Cruz.  Además, puesto que somos una Congregación internacional, es ventajoso para todos que algunos puedan recibir una parte de su formación en otras provincias o distritos o culturas.
73 Durante la formación inicia, debería proveerse la oportunidad supervisada de experimentar directamente la vida, sufrimiento y esperanzas de los pobres. También debería ofrecerse esta oportunidad como parte de la formación continua. Esta puede ser una experiencia tanto formativa como transformante para los religiosos de todas edades.
74 La formación inicial es supervisada y proporcionada principalmente por miembros de la Congregación que tengan votos perpetuos. El personal de una casa de formación comparte con el superior la responsabilidad del progreso de todos los miembros que están en el programa. Quienes comparten esta responsabilidad debieran ser eficientes educadores en la fe, tener una amplia experiencia de la vida y ministerio en Santa Cruz y estar preparados adecuadamente para sus tareas. Han se trabajar en conjunto como equipo y vivir en la misma comunidad con los que están en formación. Lo programas de formación se estructuran de modo que permitan a cada persona asumir la responsabilidad correspondiente su propia formación, y así puedan él y la Congregación discernir la realidad de su vocación.
75 Al terminar la formación inicial, termina la supervisión propia de ese período, el miembro deja de tener supervisión regula. Sin embargo, es precisamente en este tiempo de transición a una mayor autonomía, cuando nos sentimos menos obligados a rendir cuenta de nuestras vidas apostólicas, comunitarias y personales, cuando formamos hábitos de larga duración. Las provincias toman medidas para que realmente continúe la formación en la vida y trabajo de sus miembros durante esta transición.
76 Se piensa frecuentemente que nuestra formación es más extensa cuando somos principiantes. Pero, a menudo, nuestras experiencias más radicales y formativas nos sorprenden ya avanzados en la edad adulta. En verdad, cuando hemos recorrido el camino de la experiencia y responsabilidad adultas, podemos entender y aceptar mejor un auto examen profunda, el cuestionamiento de nuestras arraigadas suposiciones y ambiciones y una mayor iniciación en Cristo. Una manera muy útil de compartir esa formación permanente la constituyen los programas de renovación continua en la comunidad.

77 La formación a lo largo de toda la vida es un crecimiento de por vida. El examen de conciencia, como ayuda diaria al autoconocimiento y al gobierno de sí, nos permite descubrir de qué modo hemos tenido buen éxito o nos quedamos cortos tanto en nuestra vida común como en nuestra misión. En la confesión sacramenta, practicada con frecuencia apropiada, se nos da una gracia todavía más poderosa, por la cual cada uno de nosotros abre su conciencia al Señor, al ministro del Señor, y a sí mismo, y encuentra en ella la reconciliación con su prójimo y el perdón del señor que dio su vida para que no se perdiera ninguno de nosotros. La dirección espiritual se hace aún más ventajosa a mediad que envejecemos en la Congregación, porque según avanzamos en edad y responsabilidad en nuestro trabajo, resulta más difícil dar cuenta honestamente a nosotros mismo, en la presencia de Dios, de lo que hacemos de nuestra vida, y por qué. Todas estas prácticas son parte de la formación ordinaria y deseable durante todo el curso de nuestras vidas. Y todas nos ayudan a fijar nuestras mentes y corazones más atenta y más generosamente en le Señor y en nuestro servicio a su pueblo.

78 No obstante nuestra preocupación de que cada sacerdote y hermano en Santa Cruz se beneficie de una continua formación en Cristo, sabemos que algunas de las transformaciones más decisivas son un don gratuito que Dios otorga, no cuando nos conformamos a su voluntad, sino cuando le hemos fallado gravemente. Para unos la crisis puede venir en la forma de un quebranto psíquico, un fracaso en alguna de las transiciones de la vida; para otros, puede ser una larga trayectoria de autoindulgencia y engaño de sí mismo, que termina en un colapso. Sea cual se la manera en que se desintegren los beneficios adquiridos en nuestra formación, sea cual sea la manera en que se desintegren los beneficios adquiridos en nuestra formación, sea cual sea la manera en que caigamos, necesitamos la positiva confrontación y delicado apoyo de nuestros hermanos para rehabilitarnos. Algunos de los más sabios y fuertes entre nosotros han surgido, por la gracia de Dios, de esta manera.  De modo semejante, Pedro pasó a ser el discípulo fiel y confiable del señor, no cuando lo seguía en Galilea, sino después que lo negó y lloró.  Tuvo la oportunidad entonces, no de volver a ser lo que había sido, sino de servir como nunca había servido.

79 Así llegamos a saber que la formación y transformación son dones del señor y que podemos, como comunidad, ayudarnos unos a otros a recibirlos.