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Los Pilares de la Espiritualidad de Santa Cruz:

LA DIVINA PROVIDENCIA

Para el Padre Moreau todo comienza, se sostiene y alcanza su plenitud en la iniciativa amorosa y fiel de Dios, es decir, en lo que él llamaba constantemente  “LA DIVINA PROVIDENCIA”. Por eso uno de sus textos bíblicos favoritos era el Romanos 8,28 “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman”.

Sin esta convicción fundamental, él no habría fundado la Congregación, y tampoco nosotros podríamos recorrer este camino.  Así fue como pese a las muchas adversidades presentes en el tiempo de la fundación de Santa Cruz en 1837; persecución a la Iglesia, pobreza y divisiones, nuestro fundador siempre confió el designio amoroso de Dios.

Esta verdad fundamental de nuestra fe es para nosotros un pilar que nos permite entregarnos por entero a la vez que sabemos que todo depende de la fidelidad amorosa de Dios, de la “DIVINA PROVIDENCIA”, sin la cual nuestros frágiles esfuerzos perderían su vitalidad y su sentido.

Confiar en la “DIVINA PROVIDENCIA” es confiar en que Dios está siempre presente en nuestras vidas, y que él la suscita, la orienta y la protege, a veces de maneras misteriosas, por medio de personas, acontecimientos y situaciones de nuestra historia.


LA CRUZ NUESTRA ÚNICA ESPERANZA:

Nuestra fidelidad a Dios, como la de Cristo mismo, a menudo trae consigo el dolor y la cruz, pero junto con Cristo estamos seguros también de que nos conducen a la resurrección.  Es el camino de Jesús y el camino del Evangelio.

Este es otro de los pilares para desarrollar nuestra espiritualidad. Pilar que nuestro fundador experimentó en su vida, y que nos legó en el lema de nuestra congregación: “LA CRUZ NUESTRA UNICA ESPERANZA”, lema simbolizado por nuestro escudo con la Cruz y las Anclas, ya que las anclas eran para la Iglesia primitiva símbolo de seguridad por ello de esperanza.   Por ello además dejó a Nuestra Señora de los Dolores, a la Madre al pie de la Cruz, como nuestra patrona y protectora.

El dolor y la muerte son una parte de nuestra vida que nos pesa, y nuestra espiritualidad nos llama a reconocer y enfrentar esa realidad.  Sin embargo, desde la Cruz de Cristo, sabemos que junto a ellos viene la resurrección y el crecimiento.  Vivimos, como Cristo una existencia pascual, en la cual, el dolor y una vida nueva, se entremezclan en un tejido que nos conduce al encuentro pleno con Dios en nuestra resurrección.

Es la lógica del Evangelio que choca con la lógica de nuestra sociedad de consumo, y que solo puede ser entendida desde la sencillez del que se reconoce necesitado del amor de Dios y de los demás.  Es un aparente sin sentido del dolor y de la Cruz, pero desde la fe podemos afirmar con Basilio Moreau que: “toda enseñanza de Evangelio se resume en el conocimiento de la locura de la Cruz” (Carta Circular 79 de 1857).


LA MISION

Como cristianos tenemos en la fe en Cristo resucitado, un tesoro que no podemos esconder.  El Padre Moreau, lo sabía claramente, y por eso hizo de Santa Cruz una comunidad apostólica, una comunidad de misión y servicio.  Un servicio que sabiendo de la fragilidad de la obra que fundaba, a la vez se apoyaba en su profunda fe en la divina providencia, lo que hacía actuar confiado en el constante apoyo del Señor.  Así a solo 5 años de la fundación de la Congregación, pese a la escasez de recursos humanos y materiales, desde Francia se enviaron misioneros a África, América y Asia.

Basilio Moreau hablaba con insistencia de la necesidad de un verdadero “celo apostólico”, un “deseo abrasador” de que “Dios sea conocido amado y servido”.  Es la fe que se traduce en acción y se dirige al bien de los demás.

Este es otro de los pilares de nuestra espiritualidad. Queremos  recorrer este camino de fe, e invitar a otros a hacerlo desde el servicio.  Como comunidad sabemos que el servicio y la misión  son un llamado a todos los cristianos, y por eso desde un comienzo el Padre Moreau, quiso que laicos y religiosos trabajaran muy unidos en el apostolado, y ello en un época en que el rol del laico en la Iglesia era restringido a una función más pasiva.  Así en la actualidad nuestras Constituciones nos recuerdan que: “Nuestro compromiso invita a nuestros hermanos y hermanas en la fe a responder a su vocación, y es una manera concreta de trabajar con ellos por la difusión del Evangelio y con todas las personas por el desarrollo de una sociedad más justa y humana.” (Constitución 1 N 7) En Santa Cruz no hay auténtica comunidad que no tenga una misión.

Como Congregación nuestro servicio se dirige: “de una manera preferente a los pobres y oprimidos, a quienes vemos no solo como servidores, sino como sus prójimos, para estar con ellos y ser de ellos” (Constitución 2 N 13).  A esto nos animan nuestras Constituciones, y es expresión de nuestra espiritualidad desde nuestros orígenes.

Era el deseo del Padre Moreau que los miembros de Santa Cruz, como seguidores de Cristo, dieran preferencia al servicio a los más pobres en todos sus apostolados, y más aun en su época él ya hablaba de un “amor preferencial por ellos” (Pedagoía Cristiana P. 10), que como Congregación queremos renovar cada día, en especial en América Latina.


LA COMUNIDAD


“Nuestro llamado es para servir al Señor Jesús en la misión, no como individuos independientes, sino como fraternidad (Constitución 4 Nº33).  Así, la comunidad pasa a ser para nosotros otro pilar fundamental de nuestra espiritualidad.

La importancia que la comunidad tenía para el P. Moreau lo llevo a tener a la Sagrada Familia como modelo fundacional de nuestra Congregación.  Para él no podía haber autentica misión  en Santa Cruz sin comunidad, y quiso fundar una congregación compuesta por hermanos, hermanas y sacerdotes en igualdad de derechos y dignidad.  Juntos en una misma misión y comunidad, cada uno aportando desde sus propios dones y ministerios.

La comunidad, es para nosotros no solo la forma como queremos vivir la misión, sino que en la medida en que vivimos la fraternidad, la acogida y la hospitalidad, que nuestro fundador tanto deseaba, la comunidad misma pasa a ser testimonio y parte de la misión. Además, reconociéndonos necesitados de apoyo, de desafío y de cariño, sabemos que “nuestra vida comunitaria aviva la fe que hace de nuestro trabajo un ministerio y no meramente un empleo.” (Const. 4 Nº33).

Ser familia marca nuestra forma de vivir y trabajar, de vivir la autoridad y la obediencia.  Queremos que entre nosotros, a ejemplo de la Sagrada Familia, haya una profunda unidad que se alimente de nuestra diversidad.  Así, hay entre nosotros, y entre aquellos con quienes caminamos, diferencias de razas, sexo, edad, nacionalidad, origen social, culturas e ideologías. Y estas constituyen para nosotros riquezas entre las cuales queremos tender el puente de la fe.  Por eso nos dice nuestro fundador que debe existir entre nosotros “La misma interdependencia que existe entre las ramas de un árbol y su tronco, entre los rayos del sol y su fuego, entre un arroyo y su fuente”. (Carta Circular Nª14 de 1841).

Como lo manifiestan aquellos que nos conocen, en Santa Cruz somos muy distintos, frente a la uniformidad queremos hacer brotar la tolerancia, y ante la división, la unidad profunda de corazones.  Antes que una compañía somos una familia abierta que quiere seguir creciendo cada día, y por eso los invitamos a que caminemos junto a Santa Cruz en las huellas de Jesús.