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REFLEXIONES

Reflexiones  sobre  nuestra  participación  en  Brasil

Por: Postulante: Iván  Rodríguez   Silva

Desde que supe que participaría en la Jornada Mundial de la Juventud, mi objetivo era ver al Papa y poder escuchar el mensaje que todos los cristianos esperábamos con tantas ansias, pero lo que realmente me aguardaba, desde el momento que iniciamos el viaje, era algo más y sin duda fue para mí la experiencia más grande y enriquecedora que jamás olvidaré.

Esta experiencia se inició en Campinas con la pre-jornada, y para ser más precisos, en la parroquia Santo Cura De Ars.    Fue allí donde quedé encantado por la alegría, la esperanza y la fraternidad con la que las familias y las comunidades abrieron cada puerta de sus casas para acogernos y darnos lo mejor de ellos.    Allí también conocí nuevos y maravillosos amigos que me enseñaron una manera nueva de vivir la alegría de la eucaristía.    El idioma jamás fue problema, creo que el espíritu actuaba para que el entendimiento pudiera fluir sin dificultades.    Ahora puedo dar el testimonio de haber vivido una de las experiencias más grandes de fe junto con mis hermanos de comunidad.

Gané amigos nuevos y una gran familia; sin duda, esta experiencia dejó en mí, una manera distinta de vivir y ser Iglesia.

Para mí la semana de la JMJ significó y sigue significando la evidencia real de una fe viva; significa que aún queda  esperanza de construir un mundo impulsado por el amor; significa que aun existiendo tanta violencia en un mundo aplastado por el consumismo y promovido por  un éxito individualista, aún queda esperanza, aún queda camino por  recorrer y semillas que plantar.     Al vivir esta gran experiencia, el mensaje en mi corazón es que “Cristo sigue viviendo” en el corazón del niño, del joven, del adulto y del anciano. Y si Cristo vive, no tengo que perder las esperanzas, y yo tengo que vivir con él. 


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