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África,  tan lejos y tan cerca

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Desde sus inicios la Congregación de Santa Cruz se ha destacado por ser  misionera. Contando con muy pocos religiosos el P. Moreau ya enviaba los primeros misioneros a Argelia, Estados Unidos, Canadá, y Bengal, actualmente Bangladesh.  Hoy día Santa Cruz trabaja en 18 países del mundo, muchos de ellos están entre los países más pobres en el mundo.

Durante los últimos cinco meses he estado conociendo la labor que Santa Cruz realiza en África del Este, concretamente en Uganda, Kenia, y Tanzania.  Llegamos a  Uganda como Congregación hace más de 50 años y hoy día Santa Cruz ve los frutos pero al mismo tiempo los desafíos que significa la evangelización en estos países.  África es para la Iglesia y el mundo un continente de grandes esperanzas, pero al mismo tiempo con grandes pobrezas materiales, y  quizás sobre todo ensombrecida por la desconfianza en sus líderes políticos. 

La Congregación arribó en 1958, a una región llamada Fort Portal en el oeste de Uganda. La diócesis era tan extensa que hacía imposible al obispo local llegar a todos los lugares.  Quiso por esto invitar a una congregación de educadores y misioneros que pudieran atender a la tribu Tooro, una de las más importantes en Uganda. La congregación asumió esta misión dado que era un lugar muy abandonado, con muchas necesidades, pero al mismo tiempo una tierra que se veía muy fértil y generosa para la Iglesia católica.

Hoy día Santa Cruz tiene más de 60 hermanos y sacerdotes trabajando en esta región.  Las hermanas de Santa Cruz  quienes llegaron posteriormente, tienen alrededor de 30 hermanas.  Con algunas excepciones casi todos y todas son africanos, y ven como Santa Cruz se ha ido inculturando en esta zona del mundo. Actualmente tenemos más de 70 jóvenes preparándose para ser hermanos o sacerdotes. Muchos de ellos quieren trabajar como educadores y misioneros, y ellos reflejan toda la diversidad de lenguas y costumbres presentes en África del Este. Cada uno de nuestros seminaristas y hermanos en formación debe aprender al menos cuatro idiomas, los que le permitirán  posteriormente llegar a los lugares donde hay mayor necesidad, pero sobretodo transmitir una fe cristiana y católica que respeta y  valora la riqueza de cada cultura.

En estos 50 años, Santa Cruz ha sido bendecida por el crecimiento de colegios, primarios y secundarios, por parroquias donde los laicos y las comunidades de base mantienen una pastoral muy viva, por el trabajo misionero que atiende a lugares muy pobres, con caminos casi intransitables, villorrios sin agua potable y electricidad, sin embargo en nada dificultan el  transmitir una fe llena de alegría. Santa Cruz en África del Este quiere ser una comunidad de educadores en la fe, y tiene la riqueza de ser una comunidad valorada por la gente, con grandes ejemplo de vida como la del primer obispo de Fort Portal,  siervo de Dios Vincent McCauley csc , y reconocida ampliamente por la Iglesia de Uganda, Kenia y Tanzania.

Antes de venir, pensaba en las múltiples enfermedades de las que podría sufrir, veía también lo difícil que sería vivir sin electricidad, sin agua potable, con mucho calor, y lleno de mosquitos.  Sin embargo, me he encontrado absolutamente con otra realidad. Vivir sin tener electricidad o agua potable, es algo a lo que uno puede acostumbrarse fácilmente, sin embargo cada nuevo día uno vuelve a maravillarse con los rostros que te regalan su sonrisa, el saludo que puede ser tres o cuatro veces en el día, o las conversaciones donde lo más importante es estar con otra persona.  La vida también es dura y requiere de mucho trabajo por parte del papá, la mamá e incluso de los niños, quienes cuidan de los animales.  Pero aquí no existe el apuro de las ciudades, y rara vez uno ve a un niño llorando. Cada familia tiene aproximadamente entre 6 y 10 niños, sin embargo cada hijo o hija es para ellos una bendición, ya que confían que Dios irá proveyendo de todo lo que necesiten.  Un seminarista me contaba hace unos días que para él era extraño ver que alguien necesitara retar a otra persona.  En su familia el papá o la mamá se sentaban con él y le explicaban cuando había cometido algún error, y le pedían que no volviera a hacerlo.  Entonces comprendí porque a los niños no se les ve peleando o gritando a los otros niños.

La fe católica está creciendo mucho en esta parte del mundo.  Gran parte del trabajo de evangelización lo realizan los catequistas, que son en su gran mayoría hombres dedicados a atender las necesidades espirituales y también materiales de la gente. Ellos son líderes respetados en sus comunidades, y saben que tienen una gran responsabilidad en ser modelos para su comunidad local. Un domingo me tocó asistir a la liturgia dominical de una comunidad donde el sacerdote podía llegar sólo una vez al mes.  El catequista era quien precedía la celebración, y la iglesia estaba llena de gente como si fuera un domingo con el sacerdote presente.  La ceremonia duro más de dos horas, y los cantos de la gente con sus tambores, las palabras del catequista, las ofrendas frutos reales cultivados en el campo, y la participación activa de todos en la comunidad, reflejaban esa presencia de Cristo Resucitado en medio de su pueblo.  Dado que no había sacerdote y no es la costumbre de mantener hostias consagradas, ese día domingo no se distribuyó la comunión, sin embargo no por ello la gente se retiraron como si algo hubiera faltado.  Para ellos era normal que la presencia real de Cristo en la Eucaristía la entregaba el sacerdote cuando podía venir y celebrar la misa. Al finalizar la misa se remataron todos los regalos y productos que la gente había traído, eran el dinero para mantener al catequista, su locomoción, y las necesidades de mantención de la pequeña capilla católica de la comunidad. La comunidad recibe con gran alegría la noticia cuando uno de sus jóvenes quiere ingresar a la vida religiosa, o se prepara para ir al seminario.  Son para ellos el fruto de una misión y el signo de madurez en una iglesia que tendrá mucho que ofrecer a la Iglesia Universal.

Aunque la vida en las ciudades es algo diferente del campo, y la realidad de una parroquia en Nairobi, como Holy Cross Church en Dandora,  puede ser muy distinta de lo que se vive en Kitete, Tanzania, nuestra congregación ha sabido adaptarse a esta diversidad, y podemos decir, la preocupación por formar laicos como agentes pastorales, el trabajo en equipo con otros religiosos y en consejos pastorales, un trato directo y sencillo que construye ese espíritu de familia, y la evangelización unida con la construcción de comunidades de base, reflejan  ese sello propio que Santa Cruz puede ofrecer.  Santa Cruz ha dado muestra de ser capaz de llegar con la palabra de Cristo a los lugares más difíciles, y donde otros anteriormente han fracasado. Esa capacidad de aprender en la adversidad, es un don del Señor.

La Iglesia necesita estar comunicada, conectada, sin embargo a pesar de internet y las nuevas tecnologías cada vez somos más selectivos en la información que estamos dispuestos a recibir. Pidamos al Señor tener ese corazón abierto de María que le permitió escuchar  la voz del ángel, pero también esa capacidad para reunir y conectar a los discípulos en la misión de Jesús.  África no está tan lejos, si realmente queremos conocerla, y aprender de ella.

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