La Hermana Suellen Da Testimonio de Fe Sobre Sus Cinco Meses de Cautiverio

Este artículo es una traducción del artículo original que fue escrito por Peter Finney del Clarion Herald, periódico de la Arquidiócesis de New Orleans en los Estados Unidos). Damos gracias al señor Finney y al Clarion Herald por permitirnos publicar esta traducción. Se puede leer el original en el siguiente link: https://clarionherald.org/news/sister-suellen-thank-you-2

Durante sus casi cinco meses de cautiverio en Burkina Faso, en África del Oeste, la Hermana Suellen Tennyson, de las Hermanas Marianitas de Santa Cruz, se preguntaba a viva voz: dónde se estaba escondiendo Dios en medio de su aislamiento y soledad.

Luego, en un instante, ella miró sus pies donde una de sus uñas había sido destrozada y no paraba de sangrar durante el horroroso viaje en motocicleta post-secuestro, internándose en las profundidades de los bosques de África del Oeste, para luego ser entregada a un grupo musulmán rival.

Su nuevo secuestrador vio su dedo destrozado e, inexplicablemente, comenzó a lavar sus pies. “Me lavó los pies,” la Hna. Suellen dijo al “Clarion Herald” el 13 de septiembre. “Estoy sentada allí y este musulmán me está lavando los pies. Y me dije: ‘Dios mío, ¿algo está pasando aquí?’ Fue como que Dios lo estaba usando a él de alguna manera. Me quedé sorprendida.”

Una mañana antes del amanecer, entre el 4 y el 5 de abril, la Hna. Suellen, de 83 años, fue secuestrada por diez hombres armados desde la residencia de su misión médica en Yalgo, donde vivía desde el 2013 con dos Hermanas Marianitas de Santa Cruz y varias empleadas laicas.

Después de cinco meses en los que su Congregación no tenía noticias de ella ni de su estado, la Hna. Suellen, ex-líder internacional de la Marianitas de Santa Cruz, fue liberada pacíficamente en el vecino país de Nigeria – al este de Burkina Faso – al cuidado del FBI y personal de la Embajada de los EE.UU. y de la Fuerza Aérea.

No se pagó ningún rescate, dijo la Hna. Suellen, lo cual es otro de los inescrutables misterios de su cautiverio y liberación. Hablando desde el seguro refugio de la Arquidiócesis de Nueva Orleans – a donde regresó tranquilamente el 31 de agosto vía transporte médico – la Hna. Suellen dijo que estaba llena de gratitud porque su vida había sido salvada y por el cuidado seguro durante su cautiverio y por las invisibles acciones de miles de personas que rezaron y trabajaron por su liberación.

“Eso es lo que quiero decir – ‘Gracias a toda esta gente’” dijo la Hna. Suellen. “Estoy realmente emocionada por todo esto. Y la única manera en que puedo agradecerles es decir ‘muchas gracias.’ Mi corazón está lleno de gratitud.”

El desarrollo de una pesadilla vivida

Los secuestradores, parte del primer grupo musulmán, la agarraron de su cama, sin zapatos, ni lentes, ni sus medicinas. Le vendaron la vista y la amordazaron para impedirle gritar a las otras dos Hermanas Marianitas – la Hna. Pauline Drouin, canadiense, y la Hna. Pascaline Tougma, de Burkina Faso – que fueron encerradas con llave en sus habitaciones.

“Pensaba que quizás me iban a dejar sentada en la baranda, pero de repente me envolvieron y me llevaron,” dijo la Hna. Suellen. “¡Wow! esto no es lo que pensaba que iba a pasar. Pero desde el comienzo yo pedí a Dios que usara esto para algo bueno. No entiendo por qué esto está sucediendo; no entiendo por qué me llevaron. Y muchas cosas buenas sucedieron – todas estas personas rezando.”

Subieron a la Hna. Suellen en la parte trasera de una motocicleta y le dijeron que se afirmara. Sus captores viajaron durante la noche y buena parte del amanecer, hasta que fue entregada a un segundo grupo, que la trataron razonablemente bien y no le hicieron daño. En un momento uno de sus secuestradores le dio unos papeles y un lápiz rojo que ella usó para registrar los días de su cautiverio en un calendario casero.

Cuando era cambiada a un nuevo y desconocido lugar, ella dibujaba una línea horizontal para simbolizar el último segmento de su viaje. Al final de cada semana, dibujaba los números 7, 14 y 21 y les hacía un círculo para mantenerse al tanto del tiempo. No tenía la más mínima idea de dónde estaba. “Dije a la persona que me cuidaba, ‘¡no puedo huir, no conozco el camino!’” la Hna. Suellen dijo sonriente.


Su Fe la Sostuvo

Antes que la temporada de lluvias llegara en junio, dormía a la intemperie bajo una especie de toldo hecho a mano, con ramas y hojas para el techo y una tela que se podía mover para prevenir que el sol le llegara directamente. Durante la mayor parte de su cautiverio no tuvo libros de ningún tipo para leer; así que confiaba en su formación católica, recitando las oraciones que conocía desde su niñez y de versos bíblicos. También comenzaba cada día con las oraciones de la Misa, recordando lo que pudo recordar y reflexionando las Escrituras.

“La oración me sostuvo,” dijo. “Pasé por mi Misa cada día. Hice cada parte de la Misa y recibía la Comunión Espiritual. Durante el día, por lo menos tres o cuatro veces al día, hacía una Comunión Espiritual. Eso es lo que me mantenía, porque no tenía nada.”

Y algo al norte de Burkina Faso, no muy lejos del borde con Mali. “Reliefweb” reportó en abril que durante los últimos dos años, las regiones norte y oriente de Burkina Faso habían visto un “fuerte deterioro de la situación de seguridad … a causa de la presencia de grupos armados no-gobernables.” La Hna. Suellen dijo que no hubo nada muy diferente a lo normal en los días previos a su abducción. “Habíamos tenido muchos problemas con los terroristas locales que estaban causando problemas, así que creían que fueron ellos los que me habían secuestrado,” dijo. “Yo creía que venían a robarnos.”

La Hna. Suellen dijo que contrajo malaria y perdió 20 libras durante su cautiverio. Su dieta consistía en “espagueti, arroz, sardinas; espagueti, arroz, sardinas – pero nada de salsa italiana ni de la buena salsa Creole. Nada de porotos rojos y arroz (otro plato de su cultura). Pero tuve mi taza de café por las mañanas. Tuve un pan cada día, pero tenía gran dificultad para tragarlo. Ya no tengo ganas de volver a comer sardinas.”

Durante los momentos más solos, la Hna. Suellen dijo que rezaba por una “paciencia pacífica”, porque no veía ningún final. “Tuve muchas conversaciones con Dios,” dijo. “Decía: ‘OK, Dios, ¿cuál es tu mensaje para mí hoy, en este momento?’ A veces era un pasaje de las Escrituras o una historia de las Escrituras. Pero, después de un tiempo, fueron solo mensajes para mí. Y, lo que quedó conmigo por más tiempo fue: ‘paciencia pacífica.’ Tienes que tener paciencia pacífica.’”

“Recé los misterios del Rosario y el Vía Crucis muchas veces. Y, como saben, Jesús sentía que su Padre lo había abandonado. Yo dije, ‘¿Me has abandonado, Dios?’ Y, me dijo: ‘Suellen, te he amado con un amor eterno. Te he llamado, y tú eres mía.’ Yo dije, ‘OK, sé que no me has abandonado, pero no sé por cuánto más tiempo podré seguir así.’”

 

Avanzando poco a poco hacia la libertad

En un momento su carcelero encontró un sofá para que ya no tuviera que dormir en el suelo. En agosto, sin aviso previo, se cambiaron de nuevo, esta vez un viaje en motocicleta en el que cruzaron tres ríos. Estaba tan cansada en un momento que les pidió poder descansar porque apenas podía sostenerse. Entonces, finalmente, en una parada para descansar, vio a tres hombres vestidos con ropa africana y otro hombre en pantalones y una camisa bonita.

“Yo estaba pensando, ‘Oh Jesús, ¿son otro grupo con el que tendré que comenzar de nuevo?’”, dijo. “Pero la buena noticia fue que ellos tenían un camión y no una moto. Uno de los hombres vino a mí y me dijo: “Puedes quitarte esa chaqueta.” Y, girándose hacia mí dijo: ‘¡Estás libre!’ ‘Y le dije, ¿Qué? ¿Estoy libre? ¿Quién eres?’” 

Se encontraban en el país vecino de Nigeria, donde los hombres la llevaron a la casa de alguien. “Paramos para conseguir algo que comer, y el caballero me dijo: ‘Tienes que ducharte. Deja que la dueña de casa te ayude,’” dijo la Hna. Suellen. “Oh, me sentía en el cielo. Y me di cuenta: ¡Esta es la primera mujer que he visto en cinco meses!”

La Hna. Suellen arribó de regreso a la Arquidiócesis de New Orleans el 31 de Agosto y fue directamente a realizarse exámenes médicos. Ella está recuperando sus fuerzas y tiene que usar un bastón para evitar caídas, pero ya está poniéndose más fuerte.

“Canté (el canto) ‘Amazing Grace’, no te puedo decir cuántas veces,” dijo. “Y yo agregué una estrofa y puse cuántos días había estado en cautiverio. Pero a la vez tengo un solo día para alabar a Dios, y es hoy.”